El perdón

Recientemente, un hermano en Guatemala me preguntó si me gustaría compartir mis pensamientos sobre el perdón. He leído muchos excelentes libros acerca del perdón, libros escritos por respetados autores cristianos, así que mi primer pensamiento fue recomendar uno de esos libros. Sin embargo, después de pensar más en ello, he decidido compartir mis pensamientos, así como recomendar tres libros. A continuación se presenta lo que compartí con él, un pensamiento que nace de mi experiencia y la comprensión de la Palabra de Dios.

Cuando pienso en el perdón no solo pienso en perdonar a los demás, sino también a mí mismo. No importa lo mucho que tratemos, somos seres imperfectos y todos pecamos muchas veces. La Biblia nos dice que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. (Romans 3:23). Cuando pecamos tenemos que ir a Dios y arrepentirnos de nuestros pecados. Haciendo esto, Dios nos perdona y limpia de toda maldad. Él no sólo nos perdona, sino que también decide olvidar nuestras transgresiones. (Isaiah 43:25 "Yo soy el que por amor a mí mismo borra tus transgresiones y no se acuerda más de tus pecados." NVI).

Las veces que era consciente de que había pecado, sinceramente fui a Dios y le pedí que me perdonara por mis pecados. Sé que Dios, cada vez que fui a él, me escucho y me perdonó. La Biblia dice: "Por lo tanto, ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús, pues por medio de él la ley del Espíritu de vida me ha liberado de la ley del pecado y de la muerte, "(Romans 8:1 NVI). Eso significa que cada vez que me he arrepentido de mis pecados, ya no debo de oprimirme a mi mismo por el odio y la autocondenación.

Por lo tanto, si creo en eso, y lo hago, ¿Por qué todavía me siento culpable en algunas ocasiones cuando me he arrepentido de mis pecados? Se debe a que Satanás hace todo para impedir que aceptemos nuestro perdón. Él quiere que nos sintamos culpables y que pensemos que Dios no nos ha perdonado. Sin embargo, el perdón no es acerca de cómo me siento: se trata de la promesa de Dios a través de Su Palabra. Él nos dice en 1 Juan 1:9-10: "Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad." Es por las promesas de Dios que sabemos que somos perdonados, ¡no es por nuestros sentimientos!

Más de 70 años de mi vida he sufrido muchos males en manos de otros. A veces la ofensa no fue intencional, otras veces lo hicieron con gran malicia. Es mucho más fácil perdonar cuando el pecado no fue intencional o la persona que pecó contra usted de verdad esta arrepentida. No obstante, ¿Qué pasa cuando la ofensa fue intencional y la persona no se arrepiente? En esos momentos podemos sentir que no podemos perdonar lo que nos han hecho.

Pasé esclavizado por muchos años, debido a que no podía perdonar a los que intencionalmente me hicieron daño. Con el tiempo la falta de perdón llego a convertirse en ira y resentimiento que afectó cada faceta de mi vida espiritual y se convirtió en una barrera entre el Señor y yo.

¿Se da cuenta usted que no perdonar a otros bloquea el perdón de Dios y las respuestas de oración? Él nos dice en Marcos 11:25: "Y cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados".

Echemos un vistazo a algunas otras cosas que el Señor nos dice en Su Palabra sobre el perdón:

No solo debemos perdonar a quienes pecan contra nosotros, sino que también debemos mostrarles compasión y amor, además de orar por ellos:

Lucas 6:27-28 "Pero a ustedes que me escuchan les digo: Amen a sus enemigos, hagan bien a quienes los odian, bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan".

Efesios 4:32 "Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo.

Nuestra comunión con Dios se rompe cuando nos negamos a perdonar a los demás por los pecados cometidos en contra de nosotros.

Mateo 6:14-15 "Porque si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas".

No hay límite en el número de veces que debemos perdonar a los que nos ofenden. Jesús le dijo a Pedro que debía perdonar a su hermano "setenta veces siete".

Mateo 18:22 "No te digo que hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces - le contestó Jesús-.

Colosenses 3:13 "de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes."

Debemos mostrar misericordia hacia aquellos que pecan contra nosotros, porque Dios ha mostrado misericordia a cada uno de nosotros.

Mateo 18:33 "¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?"

Hay muchas ideas equivocadas acerca de lo que el perdón es. Permítanme hacer mención de lo que el perdón no es:

  • El perdón no es justificar o explicar el pecado de alguien contra usted.
  • El perdón no es negar que hemos sido heridos o pretender que la ofensa no era gran cosa. La ofensa es real, pero cuando perdonamos, ella ya no nos controla más.
  • El perdón no es olvidar que la persona pecó contra nosotros.
  • El perdón no es siempre la reconciliación. Para eso se necesita de dos personas.

Entonces, ¿Qué es el perdón? Es un acto de nuestra voluntad. Nosotros no nos merecíamos el perdón de Dios, como tampoco aquellos que han pecado contra nosotros merecen nuestro perdón. El perdón es algo que nosotros elegimos darles. Se trata de renunciar a nuestra ira y resentimiento contra otra persona, junto con nuestro derecho a la venganza, no importando cuan serio haya sido el pecado en contra de nosotros. Si optamos por no perdonar, estamos eligiendo vivir en pecado, de la misma forma como si eligiéramos cometer adulterio, chismes, mentir o robar, etc.

El Espíritu Santo usó las Escrituras para mostrarme que la única manera de liberarme de la esclavitud de la falta de perdón es perdonar a aquellos que pecaron contra mí. Ninguno de nosotros tiene el poder para hacer esto bajo su propia fuerza. La única manera de hacerlo es con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros.

1 Juan 4:4 "Ustedes, queridos hijos, son de Dios y han vencido a esos falsos profetas, porque el que está en ustedes es más poderoso que el que está en el mundo".

Zacarías 4:6 "No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu -dice el SEÑOR Todopoderoso-."

A continuación se presentan seis actividades que me ayudaron a liberarme de la esclavitud de la falta de perdón.

1. El primer paso esencial para perdonarse a sí mismos u otros es la oración.

No hay nada más importante para la victoria en la vida de los cristianos que la oración. Esta cita de S.D. Gordon lo dice perfectamente: "La comunión es el fundamento de toda oración. Es el aliento esencial de la verdadera vida cristiana." No estoy hablando de una oración rápida entre dientes mientras corremos a la puerta para ir al trabajo. Tenemos que pasar mucho tiempo a solas con el Señor y en Su Palabra para que él ministrarnos y reemplazar la falta de perdón en nuestros corazones.

Comienza por pidiéndole a Dios que le revele cualquier falta de perdón en su corazón. Pídale que le muestre la raíz de su falta de perdón, después arrepiéntase de cualquier amargura y resentimiento que están tomando el lugar del perdón. Después de buscar el perdón, pídale a Dios que le dé la fuerza para perdonar a la persona que pecó contra usted.

Ore por la persona que le hizo daño. La Biblia nos enseña que debemos orar por aquellos que nos maltratan (Lc. 6:28 "bendigan a quienes los maldicen, oren por quienes los maltratan"). Esto no es algo natural. Para mí ha sido una de las cosas más difíciles que he hecho.

2. Tome la decisión de perdonar a aquel que pecó contra usted.

Esto no es hacer algo a la ligera o superficial, sino una decisión desde su corazón y alma que deciden perdona a la persona. El perdón puede liberarle de la esclavitud de lo que se siente como algo imperdonable. El perdón de Dios por nosotros no es porque nos lo hemos ganado o lo merecemos. Es a causa de su gracia. Nuestro perdón por los demás también debe ser por causa de nuestra gracia. Los pecados que Dios me perdonó son mucho mayores que los pecados cometidos en mi contra.

3. Haga un compromiso para dejar de pensar en cómo esa persona le hizo daño.

Cuando usted constantemente piensa en cómo la persona le hizo daño, es como arrancarse la costra de una herida: que nunca se curará.

4. Reconozca y acepte que ninguno de nosotros es perfecto.

Todos tenemos debilidades y todos tenemos necesidad de perdón.

5. Acepte que, no importa lo mucho que desee que esa persona cambie y reconozca su pecado contra usted, pueda que nunca llegue a suceder.

Sólo Dios puede cambiar a las personas.

6. Vea a las personas a través de la mirada compasiva de Jesús.

Todos y cada uno de nosotros somos preciados a los ojos de Dios y es Su deseo que ninguno perezca (2 P. 3:9 "él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan"). Si no fuera por el profundo amor de Jesús por cada uno de nosotros, y su regalo de gracia por nosotros, todos estaríamos condenados a vivir una eternidad en el infierno. Cristo tiene toda autoridad y para mandar que nos perdonemos unos a otros y sufrir serias consecuencias si no lo hacemos. Mateo 6:15 "Pero si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas".

Mi esperanza es que lo que he compartido de la Palabra de Dios y mi propia experiencia le anime a usted para aprender más sobre el perdón. Recuerde, la máxima autoridad en todo es la Palabra de Dios, ¡no lo que el hombre ha escrito!

Su hermano en Cristo, Larry.